Altillo N° 10

Había una forma de saber si las paredes blancas de nuestro altillo tenían una luz propia: y era que esa luz sirviera para algo. Viviendo acá nos fue pareciendo que las paredes blancas iluminaban un poco; nosotras pensábamos que a lo mejor, pero nunca lo habíamos comprobado. Veníamos de la luna llena y con la luz que entraba de afuera no habíamos podido ver si había una luz de adentro esas noches. 
Nosotras queríamos que esa luz nos sirviera para algo; no solamente verificar o refutar la existencia de la luz, de una luz sensible para el ojo de nosotras siete humanas, que viniera de las paredes; no simplemente colocar arriba de la mesa algún aparatejo que hiciera de fotómetro, es decir un aparato que pudiera medir la luz. Buscábamos que la luz sirviera para algo, pero no en términos de utilidad ni de darle un sustento a nuestros propios paraquéses. Si las paredes blancas del altillo daban algo como una luz propia, queríamos poder verla plasmada en otra cosa.
Entonces una de las siete que somos acá trajo una latita y dijo que hiciéramos una cámara
de fotos. Podíamos hacer con esa latita una cámara que se llama estenopeica: porque en lugar de una lente tiene un agujerito por donde se filtran los rayos de la luz, y ese agujerito se llama estenopo. 
Si había suficiente luz, podíamos sacar una foto. A todas nos pareció bien que hubiera otro registro de este altillo, además del que yo voy haciendo.
Entonces hicimos la cámara estenopeica. Abrimos la latita, la pintamos de negro por adentro, pusimos un pedazo de papel fotográfico en el fondo, cerramos el frente de la latita y en el centro le perforamos el agujerito del estenopo.
La que sabía de fotografía dijo que por una cuestión de la física de la luz, adentro de la cámara la imagen se proyecta invertida: de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha. O sea que si había luz de las paredes blancas como para marcar el papel fotográfico, íbamos a salir cabeza para abajo y rotadas sobre nuestro eje. 
Cuando llegó una noche más o menos oscura no acomodamos los colchones en el suelo para dormir: dejamos el altillo despojado. Pusimos la latita cámara estenopeica arriba de la mesa. La foto iba a necesitar un tiempo de exposición largo, así que las siete nos sentamos adelante del estenopo. 
Después de unas horas abrimos la latita y ahí estábamos las siete. También como consecuencia del paso de la luz a través del estenopo, la imagen se graba en un círculo, con más nitidez en el centro y más difusa hacia los bordes: ese efecto se imprimía en nuestros rostros cabeza abajo, unas más dibujadas, otras más borrosas. Giramos la foto y la pusimos al derecho. A lo mejor venía de las paredes del altilllo y no de afuera, la luz que la hizo posible.

ED 128 - 21/06/17