Altillo N° 11


Ninguna de las otras que viven acá me pide que escriba lo que pasa, pero siento algo parecido al compromiso, o a la fiebre, o al aburrimiento, y entonces escribo. Voy registrando la vida en este altillo que se muestra despojado, tomo nota de algunas cosas que vamos conociendo de este lugar donde convivimos. Parece que las cuatro paredes como cuatro huesos limpios tienen algo como luz propia, aunque no estamos seguras del todo. Parece también que la fuerza de este altillo se guarda sobre todo en esas paredes, que son las que sostienen el techo en diagonal. 
Esas cosas van quedando escritas en este registro que llevo. En ese momento había una de nosotras siete mirando por la ventana, y yo escribí: Una de nosotras siete mira por la ventana. Después no escribí más y me quedé mirando. Ella estaba viendo no sé qué cosa de afuera, la luz del cielo o la vista del valle, o una nube de humo, o a lo mejor un pájaro. Alrededor las otras hacían sus cosas, una leía sus libros de ingeniería. Otra había salido a vender el pan. Después la que estaba en la ventana dejó de mirar, se sentó en la mesa, prendió su computadora. Mi cuaderno seguía diciendo: Una de nosotras siete mira por la ventana. 
Se lo mostré a otra de nosotras. Lo que había escrito decía que una de nosotras siete miraba por la ventana, pero la observadora miraba una pantalla. El altillo era el altillo, eran estas cuatro paredes blancas, con nosotras conviviendo acá. Pero también el altillo era lo que yo escribía, y entre una cosa y la otra había una distancia: este altillo y lo escrito quedaban un poco defasados. 
Tampoco era lo mismo la ventana que nosotras veíamos, con su marco y el paisaje atrás, que escribir la palabra ventana. Hicimos la prueba con otras cosas. Escribimos: La nube está quieta, y enseguida vino un viento que la hizo moverse. 
Después ella quiso escribir una cosa que estaba pensando, y en cambio le salió algo que parecía dos versos, que hasta rimaban “destino” con “camino”. 
Cuando trato de traducir lo que pienso a las palabras, hay algo que se pierde, dijo. Yo quiero escribir lo que estoy pensando, y en cambio hago una rima. 
A mí no me parecía nada muy grave. Pensé que a lo mejor era un poco absurdo llevar un registro de este altillo, si en definitiva el registro y el altillo eran dos cosas diferentes. Enseguida dejé de darle importancia.

ED 129 - 28/06/17