Altillo N° 14

Una vez que tenía que mudarme encontré este altillo. Estaba bastante lleno de cosas, con cajas adentro de cajas adentro de otras cajas, pero tenía una vista linda al valle, y yo necesitaba un lugar. Cuando venía con mis cosas me crucé con una amiga por el camino, así que ella también se terminó viniendo para acá. Un tiempo vivimos dos en este espacio atiborrado. De a poco fuimos haciendo lugar. 
Había cosas que nos las sacábamos fácil de encima, que alguna otra persona las quería, como unos aparatos antiguos para pesar y para medir, las piedras y el astrolabio. Y había otras cosas que no, que quedaban ahí aunque rasqueteáramos como tratando de sacar pintura vieja de una puerta. Cactus y yo perseveramos y conseguimos que el altillo se mostrara despojado: ahora las cuatro paredes blancas parecen cuatro huesos al aire. 
Alguna que otra vez nos preguntamos, ¿habremos sacado demasiado de este altillo? ¿Por qué nuestras paredes nos hacen acordar a los huesos? Los huesos están vivos como un ojo o como el corazón: pero los que vemos a simple vista, sin tecnología de por medio, son huesos secos que no sostienen nada. Si un vertebrado está vivo los huesos quedan ocultos abajo de otras cosas; hay piel y hay carne y hay conductos. 
Seguíamos teniendo preguntas. ¿Se puede sacar más allá de los huesos? ¿Hasta dónde se puede sacar, qué queda si una saca y saca y sigue sacando? 
Leímos un poco más sobre los huesos y encontramos lindas palabras, como osteoblastos, osteocitos y huesos sesamoides. 
Después pensamos que no era tan importante a qué cosa nos hicieran acordar nuestras paredes. Más allá de la materia orgánica y de la inorgánica de la que estamos hechas, más allá del fosfato y del carbonato de calcio, las siete que vivimos en el altillo nos ayudamos entre nosotras. Como sea, como podemos, como nos va saliendo. A veces pedimos ayuda, otras veces ofrecemos ayuda, por momentos renegamos un poco. Menos mal que estamos nosotras para ayudarnos entre nosotras, decimos de vez en cuando, porque si no la cosa sería mucho más complicada. 
Vivimos dos un tiempo y con los meses llegaron las otras de nosotras siete: primero fueron viniendo otras tres y después llegaron otras dos. Como el altillo ya estaba vacío de cosas y teníamos lugar, también se quedaron. Y así como fuimos llegando, puede ser que alguna vez nos vayamos yendo, de a dos o de a tres, de a una, con el tiempo, las siete. Por ahora estamos todas acá.

ED 132 - 19/07/17