Altillo N° 15

Una mañana apareció un dibujo en el vidrio de la ventana. La primera que lo vio fue la que se levanta temprano a hacer el pan; después, a medida que nos despertamos las otras seis, la que hace el pan nos fue mostrando el dibujo en el vidrio. Parecía hecho con el dedo sobre la capa de tierra que había del lado de afuera: como cuando escriben “Lavame sucio” en el parabrisas de un auto. Nos llamaba la atención que hubiera un dibujo en la parte de afuera de nuestro altillo; alguien había trepado como un gato o lo había trazado con ayuda de un dron. ¿Quién habría sido, quién fue, la persona que hizo un dibujo a esa distancia del suelo?
Eso nos preguntábamos mientras observábamos que en el trazo del dibujo, donde ya no había tierra, se podía ver mejor la linda vista al valle. Pero nosotras queríamos ver bien lo que estaba dibujado: entonces agarramos un fibrón y lo remarcamos del lado de adentro del vidrio.
A medida que nuestro trazo de fibrón recuperaba el dibujo hecho en la transparencia de la mugre, vimos con más claridad una vista panorámica de un paisaje sobrecargado, con grupos de personajes que acá y allá se ocupaban de sus menesteres: parecía esas representaciones mezcla de fábula de algunos libros antiguos, o una escena copiada de un tríptico de un pintor renacentista. 
Paso en limpio apenas una parte de la descripción que hice en un cuaderno mientras mirábamos el dibujo. Había seres-pájaros y seres-ballenas, y otros seres de patas largas, y edificios de vidrios espejados que se alzaban en calles angostas; había árboles con frutos brillantes; había batallas y había otras cosas que no sabíamos si eran importantes o no; un poco más allá, en grandes extensiones de tierra reseca, había otras cosas dispersas, como una pileta climatizada, trajes de gala y un par de anteojos de marco dorado; todo eso entre otras líneas que no sabíamos si remarcar o no con nuestro trazo.
Las escenas se hilaban unas con otras en el vidrio de nuestra ventana, superpuestas adelante de la linda vista al valle. Nosotras queríamos ver todo y casi no terminábamos de mirarlas, nos apurábamos por pasar a mirar la siguiente. 
Nos pasamos el día mirando el dibujo en el vidrio. Pensábamos que la persona artista tenía que haber sacado alguna idea de algún lado, que todo eso que estaba dibujado debía tener que ver con algo que pasaba. El dibujo en el vidrio de nuestra ventana, en una de nuestras cuatro paredes blancas, nos desorientaba un poco.
Después llovió y la ventana amaneció sin tierra del lado de afuera. El dibujo quedó hecho en fibrón unos días, del lado de adentro del vidrio, hasta que alguna de nosotras lo borró. 

ED 133 - 26/07/17