Altillo N° 19

Parecía como si el altillo donde vivíamos se hubiera achicado: pero nosotras éramos catorce en lugar de las siete que somos siempre. ¿Cómo llegamos a ser catorce? Algunas de las catorce de nosotras éramos nosotras, las siete preexistentes, y las otras siete de las catorce eran siete actrices que hacían de nosotras. Habíamos tenido ganas de ver nuestras vidas desde afuera, y llamamos a siete actrices para que representaran nuestros días acá. 
Nos intrigaba vernos, ver cómo éramos, ver nuestros gestos. Las siete actrices eran la oportunidad de tener un retrato vivo, una réplica andante, de las siete juntas y de cada una de nosotras. 
Por eso éramos catorce adentro del altillo. Por momentos nos confundíamos, y
no sabíamos si la que veíamos era una de nosotras o una de las actrices que hacía de nosotras. Como nos mezclábamos decidimos que era mejor si volvíamos a ponernos ellas allá y nosotras acá. 
Ellas hacían de nosotras: ellas eran las que actuaban. Pero para hacer de nosotras, necesitaban de nosotras: primero porque nosotras las imitadas preexistíamos a la imitación. Después, porque para hacer de nosotras, las que actuaban necesitaban que estuviéramos nosotras viéndolas. La que actúa no existe sin la que la mira. 
Allá estaban ellas, las que éramos nosotras: adelante de la ventana, un poco a contraluz. Nos emocionaba la idea de ver la vida de estas siete chicas. Las siete hablaban del altillo donde viven todas juntas. Decían que las cuatro paredes son blancas como cuatro huesos limpios. También se preguntaban por la fuerza que haría el techo en diagonal del altillo; decían que en algunas partes la fuerza alcanza para sostener el techo alto, y que en otras partes no hay fuerza para tanto, y el techo se sostiene un poco más abajo. 
Una que estaba al lado mío dijo que ya no tenía más ganas de mirar, que quería hacerse un bollito como un perro en una montaña de hojas secas y dormirse hasta mañana. 
Y otra que estaba al lado mío empezó a percutir un ritmo contra la pared blanca que teníamos en la espalda. 
Íbamos a tener que hacer un sorteo, o varios “piedra, papel o tijera”. Éramos catorce y solamente había siete colchones. 

ED 139 - 06/09/17