Altillo N° 4

Estamos acá, decimos a veces: convivimos entre cuatro paredes blancas. Durante un tiempo fuimos dos en este altillo, y desde hace un tiempo, somos siete. Fuimos llegando más o menos así: dos estábamos primeras, una llegó a vender su pan, y le dijo a otra, que le dijo a otra. Las dos últimas llegaron después, preguntando por este altillo. Pero la verdad es que ya no nos importa demasiado la forma en que llegamos a ser siete. Lo que importa es que ahora somos siete, y que entre las siete buscamos la manera de aprender a convivir acá.
Pensamos en dividirnos algunas tareas entre nosotras. Yo no sé si a mí me toca el rol de registrar lo que pasa: eso todavía no lo hablamos. Pero mientras tanto, miro y escribo, tomo apuntes en un margen.
Una tarde escribo dos subtítulos, para profundizar en algunas cosas. Los dos subtítulos
hablan de este altillo. El primero se llama “La fuerza”, y reúne pensamientos que se nos ocurren a veces mientras miramos el techo. El segundo subtítulo se llama “El blanco no nos borra”, y tiene que ver con las cuatro paredes, que son blancas como cuatro huesos limpios.
Otra tarde le cuento a una de las otras seis, que escribí dos subtítulos que hablan de este
altillo. En realidad, como el altillo no es muy grande, cada vez que hablamos es como hablar entre todas. Explico que el primer subtítulo se llama La fuerza. A veces las siete miramos el techo en diagonal, que tiene una parte más alta y la otra más baja. Damos por hecho que todos los altillos son así, pero en realidad, no lo sabemos.
¿Cuál será la fuerza justa para sostener el techo que cae en diagonal? ¿La parte alta del techo hace fuerza de más? ¿La parte baja del techo está vencida? Entonces decimos que la fuerza tiene que enfocarse: y eso parece ser todo. Una fuerza que se pueda sostener, ésa debe ser la fuerza justa.
Le cuento a la que me presta atención que el primer subtítulo que escribí tiene que ver con eso, y que el segundo subtítulo se llama El blanco no nos borra. Vemos algunas cosas de las paredes blancas: como que a veces nos ciegan los ojos. Como que a veces las paredes blancas nos hacen perder la claridad. Pero que a pesar de esas cosas nosotras sí estamos acá. Buscamos el reposo entre estas paredes que son como cuatro huesos limpios.
La que me escucha está parada adelante del marco de la ventana. Dice que le parece inútil comparar cuatro huesos con cuatro paredes. Yo no sé distinguir lo útil de lo inútil. Tampoco sé si es útil esa separación.
Me gustaría desarrollar el contenido de los dos subtítulos que pensé para el altillo. Un día de éstos voy a preguntar, si a mí me toca escribir lo que pasa.

ED 122 - 03/05/17