Altillo N° 9

Venimos de la luna llena y a la noche entraba bastante luz por la ventana. El altillo se iluminaba y se veía bien; si alguna de nosotras siete no tenía sueño podía caminar entre las que dormían sin tropezarse. Hubiéramos querido poner a prueba la teoría que elaboramos a fuerza de vivir acá: que las paredes blancas iluminan un poco, que tienen cierto resplandor. Más que una teoría viene a ser una hipótesis, pero como venimos de la luna llena no pudimos confirmarla o refutarla. Con esa luz que venía de la luna no teníamos forma de ver si había algo como una luz de adentro, ni mucho menos separar, la luz de adentro de la de afuera. 
Vamos viendo que algunas veces la forma en que resolvemos las cosas en este altillo es parecida a hacer un pozo: con toda la atención enfocada ahí. Esas veces entre las siete que convivimos acá logramos decir esto es así, conseguimos señalar dónde va cada objeto; como ponernos de acuerdo en que la mesa esté en el centro y alineada con la ventana. Otras veces, hacer cosas adentro de este altillo se parece más a deslizar la mano sobre una superficie de arena: se forman líneas y volúmenes y hay que decidir, qué líneas acentuar y cuáles borrar, qué volúmenes aplanar o a cuáles darles más materia. 
O sea que cuando queremos hacer cosas adentro de este altillo, a veces nos gana la precisión y otras veces tenemos que superponer las acciones como capas. Aunque no sabemos si una forma es más importante o más útil que otra, como tampoco sabríamos darle más o menos importancia a las plantas de un bosque. 
También hay veces en las que no conseguimos hacer lo que queremos, y entonces le dedicamos el tiempo a otra cosa. Un poco como hicimos estos días. 
No pudimos ni confirmar ni refutar nuestra hipótesis de que las paredes blancas iluminan un poco: entonces le dedicamos tiempo a pensar en la forma de medir la luz de las paredes, cuando llegue una noche oscura.
Le dedicamos otro poco de tiempo a pensar en que a lo mejor nuestra hipótesis fallaba.
También le dedicamos un poco de tiempo a hacer un croquis del altillo, con la disposición de la mesa, las camas y los colchones que van en el suelo. Lo pegamos en el marco de la ventana para memorizarlo, por si la primera noche oscura no se puede ver nada, y una necesita pasar entre las otras seis que duermen.

ED 127 - 14/06/17