Altillo N°7

Las siete nos habíamos quedado pensando en la fuerza. No siempre estamos de acuerdo
con las cosas: somos siete conviviendo en un altillo. Pero una vez, mirando el techo en diagonal, hablamos sobre la fuerza, y nos quedamos las siete pensando. Nos habíamos preguntado sobre la fuerza que hacía falta para sostener el techo; nos preguntamos si la parte alta del techo hacía más fuerza que la otra, si la parte baja del techo estaba vencida. 
Buscamos fórmulas, rastreamos definiciones. Una de las otras seis dijo que la fuerza tenía que ver con el esfuerzo que hacía falta para mover un objeto. Que la fuerza se relacionaba, por un lado, con la masa del objeto, por otro lado, con la aceleración de la fuerza, con el empuje de esa fuerza. Algunas entendimos, otras no entendimos y otras no teníamos ganas de prestarle atención porque seguíamos mirando el techo. Queríamos sacar nuestras propias conclusiones. Ella volvió a decir, fuerza, aceleración, masa, y yo escribí las iniciales en un papelito, como para dibujar la fórmula con las letras. 
Pero la mayoría de nosotras pensaba que su fórmula de la fuerza con la aceleración no nos servía, porque el techo de nuestro altillo estaba quieto. 
Otra dijo que no teníamos que preocuparnos por el techo en diagonal, con una parte más baja y la otra más alta, sino que había que pensar en las paredes, que eran las que lo sostenían. 
Y ahí estuvimos un poco de acuerdo. 
Una dijo: Que en la fuerza no haya rigidez, que se quite la rigidez de la fuerza. Otra dijo: Hay que aprender a hacer la fuerza. Otra quería rasquetear un poquito una de las cuatro paredes blancas, para ver de qué material estaba hecha. 
Pero tampoco llegábamos a estar de acuerdo del todo. Había cosas que no cerraban: la primera insistía en la necesidad de multiplicar la letra inicial “EME” por la inicial “A”, que yo tenía escritas en el papelito. 
Como fuera, ahí estaba el techo en diagonal. Enganché en el marco de la ventana el papelito con la iniciales de la fuerza, de la masa y de la aceleración. Algunas nos quedamos pensando y otras nos aburrimos y nos fuimos. 
Aunque no habíamos llegado a ninguna conclusión, el altillo seguía siendo el lugar al que volvíamos cada vez que nos íbamos. Para intentar un acuerdo todavía quedaba la opción de permanecer insistiendo sobre lo mismo, como cada vez que algo no sale.

ED 125 - 24/05/17