Altillo N° 24

Pongamos por ejemplo este altillo: porque voy a dar un ejemplo de algo. Sobre los relatos que se imprimen sobre otros relatos, y que es más o menos así: en este altillo existen historias, que son las historias de nosotras siete que vivimos acá. Está la historia de la que hace chistes, y la historia de la que lee libros de ingeniería, y la que a veces nos saca fotos, y está Cactus, y hay una que escribe, y está la historia de otra que pinta, y la de otra que amasa el pan. 
Y un día viene alguien a contarnos cómo hicieron este altillo. Y nos habla de grúas, nos habla de postes, nos explica que construyeron una casa con un altillo, nos habla de la caída que le dieron al techo. Nos habla de este altillo sin saber que nosotras tenemos siete colchones, sin haber visto por la ventana la vista al valle. Tampoco sabe que casi siempre otra de nosotras, y algún tiempo yo, nos levantamos temprano a amasar el pan.
Hecho el ejemplo, imagino que escuchamos la historia de un altillo que primero estuvo abigarrado y ahora tiene cuatro paredes blancas. Ah, mirá: hicieron una casa con dos pisos en un valle despoblado. Nosotras queremos decir, queremos explicarle, y el que nos habla del altillo piensa que le estamos pidiendo permiso. Y nos da el permiso.
Me quedé pensando en las historias, porque volvieron las seis que viven conmigo después de varios días de no estar, y me contaron una historia con caballos, una que parecía una de esas historias que les cuentan a las niñas cuando se les muere el gato. A mí no me importó porque yo estaba contenta de verlas y también un poco aburrida de vivir sola acá. 
Las seis volvieron al lugar que elegimos habitar las siete. Fuimos construyendo nuestro espacio en un cuarto que ya tenía una pared acá, otra pared acá, y así hasta contar las cuatro. Hicimos propio un espacio con dueño. Nosotras somos dueñas de no tener, y aunque no sea nuestro, tenemos este altillo. 
Mientras escribía esto yo estaba acá sentada como si tuviera que pasar algo más, como si no fuera suficiente esto de estar acá: sentada en el no acontecimiento, sentada en la sucesión de las cosas que no resaltan en importancia. 
A pesar de eso creo que estar acá, así, es algo que no me pasó antes. Estar así, acá, se puede parecer a muchas otras cosas: pero estar así y estar acá son cosas que van cambiando siempre. A veces decir así quiere decir contenta, a veces quiere decir apurada, a veces quiere decir que la comprensión se escapa de forma imprevisible por una fisura. Estar acá puede querer decir estar en la silla, estar acostada mirando el techo, estar subiendo por la escalera a través del agujero cuadrado en el piso. Decir estoy acá es como eso de que nunca abrís dos veces el mismo facebook, de que nunca estás dos veces en el mismo río.
Una noche, después de que volvieron las otras seis, corrimos la mesa de su lugar en el medio, nos sentamos en círculo y contamos historias.
Y una dijo que no solamente el agua se evapora, que también se evapora el aceite.

ED 143 - 11/10/17