Altillo N° 26




Después de sentarnos dos veces en círculo, una para contar historias y otra para tomar decisiones, parece que nos va quedando la costumbre de correr la mesa y hacer lugar en el medio del altillo. Volvimos a sentarnos, dos en almohadones en el suelo, dos en un colchón, otras dos en un banco más o menos largo que tenemos. Yo me senté en una silla porque así escribo más cómoda. Volvimos a sentarnos en círculo, sin habernos dicho en ningún momento: “vamos a sentarnos en círculo otra vez”. Así que acá estábamos en círculo las siete, como si nos hubiéramos dado cuenta de lo poco que sabemos cada una de las otras, aunque ya hace un tiempo que estamos acá. 
La que amasa tiene dos hermanos. No los ve mucho porque vive con nosotras, pero tienen un grupo de whatsapp donde están los tres y una prima, y se mandan cadenas y audios. La que amasa les dice “mis hermanos solares”, porque los dos chicos funcionan de día. Necesitan la luz del sol y cuando esa luz está hacen las cosas que la mayoría hace, como tirar piedras, cocinar con ramitas de un árbol, decir cosas que a un adulto no se le ocurrirían y tener ganas de correr. A la noche los hermanos solares se pliegan sobre sí mismos, como esas plantas que cierran las hojas. Hay que estar viendo dónde les agarra la noche, porque van creciendo y hay que cargar después con los dos chicos plegados. Los hermanos solares prefieren el verano, el invierno se les hace largo con los días tan cortos. 
Las otras seis la escuchamos mientras hablaba. Algunas sabemos más cosas de otras; la que pinta y la que saca fotos a veces hablan entre ellas de la diferencia entre el color materia y el color luz, discuten información sobre el efecto que hace a la vista el blanco de nuestras paredes. La que hace chistes y la que lee libros de ingeniería quieren pensar maneras de mejorar el camino que viene al altillo. Tienen visiones bastante diferentes así que mucho no han avanzado todavía, pero ahí andan a veces entre los espinillos y los molles. No todas sabemos muchas cosas de todas y mucho menos todo, cosa comprensible siendo siete en un altillo. 
A pesar de eso las siete sabemos lo que es ser siete en un altillo. Ponemos los colchones para dormir y los sacamos, tratamos de hacernos lugar en el marco de la ventana. Vemos que la vida sigue y va siguiendo, con nosotras siete conviviendo acá. 


ED 147 - 08/11/17