Poesía



Asunto cerrado



se alistan
en sitios de estrategia
vidas y muertes
no existentes
poco exactas
la vida no es
piedras que nutren
hablan desde el humo
afuera
las cosas



siempre una excusa
tratar de entender
amplitud segmentada
ingenio en segmentar
en una caña
algunos
ejecutan un arma
¿el uso ¿nos define
?



un consejo o un lugar
asignado a la fuerza
pusieron empeño
para que todo
estuviera al alcance
no es miedo
dicen



alguien cruza
abandonar privilegios
no es un túnel
la situación es conocida
tal vez sea un efecto
las cosas parecen
y son
y también son
otras cosas



en el rostro se organizan cuatro sentidos
y las funciones de respirar y alimentarse
todo el cuerpo es tacto
los peces respiran con branquias que no están en los rostros
¿qué hace reconocible el rostro de un pájaro?
algunos insectos tienen rostros falsos en los caparazones



¿cómo es una mañana productiva? ¿qué es
dedicar tiempo? ¿cuánto tiempo dedicado a algo
es mucho tiempo? ¿cuáles son las cosas
que hay que poder enumerar
al final de un día?



una vida
no se puede
comprender
:
intentar
describirla



no hagas preguntas
no trates de imitar
al que excita al fuego
tarde o temprano
un reflejo va a decir
no hay lugar
donde se ubique
el signo igual en un proceso
fuera
de abstracciones
los resultados
no existen



lo perfecto nos demora
¿es más válido dejar algo como cayó
o buscarle una posición?



los objetos concentran
las inseguridades
vivir
es un día
y después otro día
la situación se parece
a una anterior
a veces
eso
es lo estable



que quede bien cerrado
asunto cerrado
pero todo puede ser
un poco más liviano
en los ciclos falseados
la extinción es regla
así es la vida
sugieren



la luz o cualquier clave
para leer las figuras
la falta
depende
del parámetro



entre inmediatez y demora
seremos eso
humedades sin ideogramas
manchas sin planos plenos
no apariciones


[Serie de poemas - en YAFÜN, Cardumen Editora, La Plata, 2015]








Perros



1
mueven las colas
se huelen
los hocicos
- dos cadenas
tirantes



2
los más feroces
protegen la casa



3
sit
up



4
es el instinto
dicen



5
huele
a otro
marca
territorio



6
entre omóplatos
cierra
el arnés



7
su tarea:
sacarla
a pasear



8
ladra
demuestra
satisfacción



9
la correa
detiene
el impulso



10
afuera
rajá de acá
o te
reviento



11
cuerpo
ceñido
a la higiene
del dueño



12
así
tenés
techo
y comida



13
espera
la señal
de consentimiento



14
me hace
buena
compañía



15
vuelve siempre
- la marca roja
en el cuello



16
gime



17
busca
las caricias
del extraño



18
al final
el humano
manda



19
ellos nos dan amor
nos conceden
su amor



20
el tamaño justo:
llena el hueco
de tus brazos


[en YAFÜN, Cardumen Editora, La Plata, 2015]








Así, al sol: como el perro o como el pasto.
El rumbo va diciendo, hacia allá, hacia allá,
es necesario desplazarse en el siguiente movimiento
a otro lado, el avance
continúa o se retrasa o se detiene,
y después sigue: habría un dibujo que no aplica
herramientas graduadas, trazos controlados
con suplementos. ¿Tiene algo que ver la eficacia?
¿Tiene algo que ver con lo preciso?
Si algo traza estaría más cerca
de las discontinuidades y lo rugoso de los hemiciclos,
de la insinuación de un sismo, los semi saltos
y las siluetas con bordes que no se juntan.
Como una tela rasgada. Como alguna herida.
Líneas abiertas, casi reconocibles. Casi adivina
los perfiles familiares. Los esbozos que sugieren.
Los circuitos esperables.
El gesto que está disfrazando una fuerza.
Acepta. Es la actitud del que recibe: así se da.
Así toma, así suelta, y así cede, se desprende.
Y su ofrenda es un acto de despojo.
Y en el acto de la ofrenda es que agradece.
Es un acto y después otro: despojarse
es la acción en que devuelve.
Es el acto en el que ofrenda.
Es el rito de existencia nebulosa
de aceptar que ese tronco está seco
por acción, por omisión, por el avance,
(o ya sea que la misma acción omite);
ve el hueco entre los troncos,
ve el faltante en la herramienta.
Mira el cielo. Observa la sierra.
Se acuesta al lado del perro que duerme.
Se levanta y se viste, se calza.
Se resiente, se adelanta, se repliega.
Cada acto inaugura un deceso.
Se despoja: así termina, dice, y deja.
Busca algo y después eso no está.
Busca algo y ya es otra la apariencia.
“¿Cómo fue ese verano? Éramos tres, había dos.
Alguna vez hemos sabido ser cinco.
Teníamos en común una historia”,
podría haber dicho;
incluso haber aclarado
que eran meras suposiciones
de lo que supone una muerte.
Nadie dijo: quiero oír
tu agradecimiento.
Pese a eso se desvela y refulge.
Así es, así se da
y en la misma acción
devuelve.
Se sobrecoge,
se abochorna,
se arrebuja,
se azora.
¡Ahí!... ¡Ojo! ¡Atento!:
Júbilo, quizá habría resumido.
Tozudez por reconocer una forma.
No le dijo, la abundante, la que pide, quiero oír.
No lo dice, cada hecho sí lo expresa.

Acaso explique el júbilo ante la exigencia
(como si debiera un motivo).
Acaso diga júbilo, sí, porque constata
que todavía se mueve bajo el sol.
Origina el júbilo en tensar la espera
de que haya casa, y que la casa tenga
alguna vez ventana clara.
Él se entrega,
el avance
lo despoja.
Así suelta
la creencia,
así devuelve.
–Lo único estable
que hay acá
es un movimiento
que crece y decrece –.
Y se cree capaz
de permanecer,
de que algo de sí mismo permanezca
mientras habite esa zona dispersa.
Deja abierto el mérito
del ejercicio de la voluntad, permite
que la disolución
sea consecuencia
de cada acto
medido
en que el que deja.


[en Ventana a la sierra, Editorial Buena Vista, Córdoba, 2018]







Hasta ahora de la verdad
no he sabido más que esto:
que la intención esté desnuda.
O que el punto de referencia
sea explícito, este árbol,
y que todo lo que se diga
esté en relación con él.
De mí solamente voy a decir
que tengo dos lugares
en extremos opuestos,
que no siempre los uno
del mismo modo.
Una línea se interrumpe
y se cruza con sí misma
y después se deshace
y retorna; a veces,
solamente algunas veces,
hay pequeños tramos rectos.
Entre los dos lugares
me demora la insistencia,
casi siempre reincido
en algún paso del río,
en algunas intrigas.
Tengo la obstinación
de manipular una piedra,
de volver un pájaro
apenas sugerencia.
Así ando los circuitos
más o menos espontáneos
entre mis dos lugares
en extremos opuestos.
No importa cuáles son
sino tener presente
que la ubicación los opone,
o que allí soy necesaria
o que alguien me espera,
o que acudo porque nada
me pide que explique.
No sé hasta dónde
tienen que ver
mi vida y esa casa
empeñada en construirse
por un recorte, alzándose en sí
para una ventana.
¿Tengo que acercarme solamente porque está?
De aquél que tala veo sus acciones:
puedo imaginar eso que las motiva
y rehacer a la par su intención con mis supuestos;
figurarme quizás un empeño joven,
suponer en la fuerza cierto afán rígido.


La determinación
de las decisiones
tampoco nos salva
(la referencia es el árbol).
Eso le diría
o lo dejaría escrito
en el vapor de un vidrio.
Supongo que aquél
que tala lo sabe.
Supongo que sabe
la naturaleza vacua
de alzar un poste.
Supongo que sabe
que aunque alce el poste
el terreno se gasta.
Supongo que sabe
que todo lo arbitrario
no se desprende
sino que se impone.
Apenas supongo
lo que el hombre sabe,
y mi suposición
tampoco se desprende.
Yo no sé cuánto
tienen que ver
pero en esta parte
de mi recorrido
hay una intersección
con esa casa
(la referencia es el árbol).
Aquél que me mira, ve que yo paso.
Podría ser apenas
una forma de leer
aplicada sobre un tramo.
Mientras la línea que se cruza
consigo misma y se deshace
se vuelve borrosa,
o marca un trazo firme,
o aparece punteada
y luego da un rodeo
y entonces retoma,
insisto en afirmar
algunos resguardos.
Observo y delimito:
por acá puede ser que sí,
por este lado conviene no avanzar.


[en Ventana a la sierra, Editorial Buena Vista, Córdoba, 2018]